Colombia, Mexico y Venezuela.

MEXICO-COLOMBIA

MIENTRAS EL ASESINO SANTOS ASUMIA EL CARGO
EN MEXICO RENDIAN HOMENAJE A LOS MARTIRES DE SUCUMBIOS
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8 agosto 2010 – Mientras Juan Manuel Santos asumía su mandato en
Colombia, en México los familiares de cinco jóvenes de asesinados en
2008 durante el bombardeo en Sucumbíos, realizaron una protesta ante la
representación diplomática de Bogotá. Acusan al nuevo presidente de
haber comandado la operación.

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VENEZUELA-COLOMBIA / Opinion

Colombia-Venezuela, más alla de la manipulacion de las emociones
Por Aram Aharonian(*)
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La situación suscitada entre Colombia y Venezuela pareciera conformar el
preámbulo de un conflicto bélico que habría que situarlo, forzosamente,
en el contexto geopolítico internacional de guerra asimétrica diseñado
por el imperialismo, máxime cuando se trata de atacar a un gobierno y un
proceso de tendencia socialista, en un país que posee grandes recursos
naturales, especialmente energéticos, de escasez mundial. ¿La última
provocación de Uribe? Álvaro Uribe no sólo convirtió su país en una
suerte de portaaviones estadounidense, sino que se empeñó en escalar los
conflictos en la línea de militarización que defienden el Pentágono y el
Comando Sur como modo de asegurar el control de un patio trasero que se
les escapa de las manos.

Los primeros desarrollos de la denuncia realizada por el actual Ministro
de Defensa de Colombia y posiblemente próximo embajador en Washington,
el empresario cafetalero Gabriel Silva, pone en evidencia la ejecución
de una operación psicológica de masas (OPSIC), obviamente dirigida a la
formación del imaginario colectivo para fortalecer el tema del vínculo
del gobierno de Hugo Chávez con las FARC .

Esta matriz viene siendo trabajada desde hace tiempo y desde diversos
frentes, con el objeto de hacer una acusación en instancias
internacionales y facilitar una eventual intervención militar
“antiterrorista”. A Caracas se le acusa de tener vínculos no solo con
las FARC sino con etarras e iraníes, en lo que se da en llamar el “eje
del mal”, en medio de la presentación de un mapa del terror conformado
por la presencia de tropas y bases estadounidenses no sólo en Colombia,
Araba y Curazao, sino también en Costa Rica y quizá mañana en Panamá,
nuevamente.

Las operaciones psicológicas se dirigen a masas poblacionales sobre las
cuales se quiere influir en tiempos de confrontación. Se trata de la
manipulación de las emociones. Hay que tener en cuenta que siempre las
OPSIC han servido de preámbulo para una agresión militar, provocando un
incidente dentro de la concepción de operaciones extraterritoriales o
persecución en caliente.

Las operaciones psicológicas no son un fenómeno mediático aislado, sino
que poseen finalidades políticas múltiples tales como deslegitimación
del proceso, descalificando la obra del gobierno de Chávez, exaltando
fallas y errores.

Esta ofensiva mediática colombiana bien puede ser utilizada como
plataforma en el proceso eleccionario venezolano que se avecina, donde
la oposición vernácula funciona como caja de resonancia de la campaña,
quizá con la esperanza de que el gobierno bolivariano se vea obligado a
adoptar una postura defensiva ante el arribo del gobierno de Juan Manuel
Santos.

Pero hay algo que nos llama la atención en Venezuela y es el desarrollo
de una matriz de opinión, fruto de la ingenuidad, la desinformación,
donde se afirma que con el arribo formal de Santos al gobierno, la
estrategia va a cambiar y se van a disipar las amenazas. Esto obedece a
falta de información o ignorancia de la trayectoria y ejecutoria de
Santos en el Plan Colombia y en el Plan de Seguridad Democrática. O a
manifestaciones de deseo de que la tensa situación cambie y el temor o
el miedo se disipen.

No se comprende que existe una política de Estado, en las que están
inmersas las políticas comunicacionales (informativas, publicitarias)
que, dirigidas a la parte emotiva y no racional del ciudadano,
anteceden, acompañan y justifican las acciones políticas, Y un tándem
que las lleva adelante: Uribe-Santos.

Santos, no hay que olvidar, es el artífice (con la complicidad y/o
anuencia de Uribe) de los “falsos positivos” (endilgar a la guerrilla el
asesinato de centenares de jóvenes, en montajes de los organismos de
seguridad), de la violación de la soberanía de países vecinos bajo la
concepción de las operaciones extraterritoriales (bombardeo del
campamento de Raúl Reyes), de asesinatos selectivos de dirigentes
populares, campesinos e indígenas, de los acuerdos para instalar
soldados gringos en las bases y en el territorio colombianos.

Hay que tener claro que hay gente –como Santos, que supo contar siempre
con una excelente caja de resonancia mediática para sus planes- en las
altas esferas de Colombia –quizá con asesoramiento extranjero– capaz
de poner una bomba en la Escuela de Guerra para paralizar los acuerdos
de canje humanitario del gobierno y la guerrilla.

Santos no es menos derechista ni fascista que Uribe, seguirá siendo un
fiel aliado de Washington y combatirá a la guerrilla hasta exterminarla.

Antes de ocupar el Ministerio de Defensa, y en plena campaña
presidencial de Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos contrató los servicios
de The Rendon Group para el “partido de la U”. Hay que recordar que casi
50 por ciento de la ayuda estadounidense para el Plan Colombia se dedicó
a una campaña de imagen del Ministerio de Defensa, encabezado por Santos.

Como buen oligarca, Santos piensa en grande, en los intereses de su
clase. Uribe piensa en su futuro personal, dice Raúl Zibechi. Y no puede
seguir el mismo camino de su antecesor, porque hoy la guerrilla no es ya
una amenaza para la estabilidad del Estado ni para la gobernabilidad. Y
para asegurar el poder de las clases dominantes, ahora debe apelar al
crecimiento económico para edificar las bases de largo plazo de la
estabilidad.

Los medios de comunicación social son cada vez más importantes en la
formación del imaginario colectivo, precediendo, acompañando y
justificando los conflictos. En este caso se trata de una operación
psicológica tendente a la utilización de los déficit en varias
direcciones como la consolidación de una fuerza opositora con mayoría
electoral, el aislamiento internacional y la justificación de una
intervención militar.

Apunta a la ingobernabilidad y sirve de caldo de cultivo para la
insurgencia armada interna (guarimba, paramilitarismo,operaciones
encubiertas, rebeliones parciales tanto policiales como militares), la
agudización de las contradicciones, incentivando paros y huelgas, hasta
llegar al colapso del aparato productivo, para intentar presionar el
pronunciamiento militar. Cabe recordar el paro petrolero de 2002.

Con la operación psicológica buscan generar un contexto de máxima
presión con la movilización social: marchas, tomas, trancas, paros,
huelgas, posiblemente crear una situación de caos y crisis total del
país, que genere conflictos, hostilidades, enfrentamientos y violencia.

Para Carlos Lanz eso significa fomentar el calentamiento de calle y la
violencia social como clima de desestabilización general que se
necesita, similar a la de abril de 2002, lo que permitiría pasar a las
acciones militares, como sucediera en Europa del Este, donde la lucha de
calle combinada con grupos de choque armados que copan edificios sedes
del gobierno, logran paralizar a las fuerzas del orden y derrocan al
gobernante de turno.

Y el telón de fondo que permite comprender las motivaciones en este
cuadro de crisis capitalista es la conquista de mercados y control de
las materias primas (fundamentalmente las energéticas) a través de los
tratados de libre comercio, y la presencia militar estadounidense bajo
el pretexto del combate global al terrorismo y al narcotráfico,
permitiendo que el complejo industrial-militar, con sus empresas
contratadas hagan negocio con la traída de mercenarios, vendiendo armas
y equipos: helicópteros, radares.

Todo esto se va a ver ampliado con la instalación de soldados
estadounidenses en las siete bases en territorio colombiano. EEUU no se
limita a levantar un campamento, sino que importa toda la cultura de
comida rápida, centro comercial y recipientes de usar y tirar, señala Lanz.

Manipular las emociones

Sin dudas, resulta risible la base argumental del embajador colombiano
en la OEA, al mostrar fotos y videos de los campamentos, pero esto forma
parte de la manipulación informativa. No se trata de veracidad sino de
percepción noticiosa. No se trata de apelar al sentido racional o
crítico del espectador, sino a las percepciones de éste.

Se trata de hacer uso del aspecto emocional, que es una técnica clásica
de la manipulación mediática, tendiente a causar un cortocircuito en el
análisis racional y al sentido crítico de los individuos. Además la
utilización del registro emocional permite abrir la puerta de acceso al
inconsciente para implantar o insertar ideas, deseos, miedos y temores,
compulsiones, o inducir comportamientos.

La meta es colocar a Venezuela como una amenaza, con aspiraciones
expansionistas, reestructurar las fuerzas armadas para ponerlas a tono
con este reto militar, lo que incluye compra de nuevos armamentos.

El ministro colombiano de la defensa muestra un viraje estratégico: de
la coartada del combate a la insurgencia pasa al justificativo del
conflicto con fuerzas externas: “el ejército está dispuesto a atacar
bases guerrilleras en otros países, algunos jefes de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias de Colombia (FARC) estarían en territorio venezolano”, dijo.

Esto justificaría, en esa línea argumental, reforzar y modernizar el
armamento para enfrentar “agresiones” exteriores de países con
“aspiraciones expansionistas ideológicas y territoriales” que amenazan a
Colombia.

La utilización de mentiras y medias verdades no es nueva. Recordemos las
denuncias de la posesión de armas de destrucción masiva por parte de
Iraq y si queremos ir un poco más atrás, al nacimiento de la noticia
espectáculo con la transmisión en vivo y directo de Peter Arnett de lo
que se dio en llamar la Guerra del Golfo, en 1991.

Desde entonces para todos quedó claro el alcance de los nuevos medios de
comunicación y el uso que se proponían hacer de ellos: difusores del
mensaje y las imágenes únicas. Las noticias, censuradas por el
Pentágono, pasaban a ser espectáculo; un espectáculo armado de forma que
pudiera interesar a dos mil millones de televidentes a lo largo y ancho
del mundo, dejando la sensación de hecho consumado.

Pero eso no quedó ahí. Cuando los marines llegaron a Somalia, los
periodistas de la CNN estaban esperando a los soldados. Ya les habían
recomendado llegar antes del amanecer, para mejorar sus imágenes de
libertadores, e ingresar, además, en el horario estelar de los
noticieros mundiales. Existía un guión (tanto para los marines como para
los periodistas): ya se sabía lo que iba a ocurrir.

Hay formas de construir el consenso, y la de Uribe-Santos no ha sido
demasiado original, recurriendo, cuando fuera necesario, al asesinato y
la intimidación y, por ejemplo, sugiriendo que canales de televisión con
información alternativa a la de su gobierno (como Telesur) no debían ser
transmitidos o retransmitidos por canales del interior o sistemas de
cable alternativos.

Durante el primer gobierno de Uribe (2002-2006) fueron asesinados 18
periodistas. Muchos periodistas colombianos han optado por el exilio
como única forma de preservar sus vidas ante las amenazas de muerte.
Casi una treintena de periodistas están bajo la protección de la
Fiscalía para que puedan cumplir con sus labores, muchos fueron
asesinados. ¿De qué democracia, de qué libertad de expresión estamos
hablando?

En una nación sumida desde hace cinco décadas en un conflicto social y
político de expresión no sólo violenta sino también armada, los medios
de comunicación comerciales insisten en que el camino es el de la paz
romana o la paz de los sepulcros, que no es otra que defender la guerra
para vencer a la insurgencia y llevarla en condiciones de derrota a la
claudicación en la mesa de diálogo.

En Colombia hay un solo diario nacional, El Tiempo, ahora comprado por
capitales españoles, al igual que Radio Caracol, y otro con esperanzas
de serlo, El Espectador. El vicepresidente de Uribe, Francisco Santos,
ex editor del diario El Tiempo, sostuvo que los medios de comunicación
“crearon una caja de resonancia de los hechos terroristas que sin duda
fueron más efectivos que la misma utilización de explosivos por parte de
estos grupos ilegales”. Su primo es Juan Manuel, también de El Tiempo.

Dentro de este contexto hay que destacar que los grupos paramilitares
vienen dándole singular importancia a la intimidación de los medios y
periodistas alternativos, pues los medios comerciales son regulados por
otras vías, incluida la autocensura. Además, el paramilitarismo, a
través de empresas fantasmas y testaferros, se ha venido haciendo con el
control de las televisoras locales o por parabólicas, hasta el extremo
de trabajar por incidir en la composición de la Comisión Nacional de
Televisión.

Con Uribe el conflicto colombiano no “vendía”, porque lo que se ofrecía
en los escaparates era la (inexistente) paz, la entrega de armas de los
paramilitares, la negación misma del conflicto. Y durante su gobierno se
da un cambio importante en el comportamiento de los medios
trasnacionales de información, que dejan de informar sobre las
violaciones de los derechos humanos, tratando de crear un imaginario
sobre un país pacificado y feliz.

“Nunca antes en Colombia la prensa ha sido tan presionada desde el
Ejecutivo, pese a que nunca ha sido tan sumisa”, señalaba Rodrigo Pardo,
ex canciller pero también ex director de la revista Cambio.

La estrategia del gobierno colombiano ha sido la de invisibilizar el
conflicto: si no difundo lo que sucede, puedo hacer creer que este no
existe. Que nadie se entere de lo que pasa realmente en Colombia, así
podemos estigmatizar los movimientos sociales, disfrazar de seguridad
pública las más burdas represiones, olvidarnos de los millones y
millones de excluidos, los miles y miles de desaparecidos enterrados en
fosas comunes, los cuatro millones y medio de desplazados internos. Y, a
la vez, montar supuestas acciones terroristas para endilgárselas a la
guerrilla.

Lo que hereda Santos

A Santos, en la continuación del gobierno de ocho años de Uribe, le toca
atacar el frente interno, donde deberá depurar no sólo algunos cargos
militares sino también varios en la administración del Estado, además de
mejorar las relaciones con los otros poderes, el Judicial y el Legislativo.

Pero el otro frente decisivo es el externo, hacia donde Santos debe
relanzar la economía y eso pasa, sin dudas, por mejorar las relaciones
con los vecinos y potenciar la integración regional. Algunos analistas
señalan que por eso Santos se propone recomponer las relaciones con
Venezuela, pero obviamente desde posiciones de fuerza.

El cuadro de situación es dramático: las exportaciones colombianas a
Venezuela cayeron de 7.000 millones de dólares en 2008 a menos de 1.500
millones; el nivel de pobreza es de 43% y la indigencia alcanza 16%, en
un país que ostenta las mayores tasas de desempleo y de informalidad de
la región. Venezuela ha sustituido estas importaciones por compras a
Argentina y Brasil.

La frontera binacional de dos 1.200 kilómetros vive en la permanente
angustia económica por la parálisis comercial, y antes de partir Uribe
decretó la emergencia social en los 37 municipios fronterizos,
suspendiendo –incluso- el cobro del IVA.

Santos no puede relanzar la economía sin mejorar las relaciones con
Brasil, capaz de absorber porcentajes crecientes de la producción de sus
vecinos. El ministro de la Secretaría de Asuntos Estratégicos de la
Presidencia de Brasil, Samuel Pinheiro Guimaraes, acaba de lanzar un
Plan Marshall para estimular y financiar la transformación económica de
los países menores; abrir, sin exigir reciprocidad, sus mercados, y
financiar la construcción de la infraestructura de esos países y su
interconexión continental (forma de asegurar su dependencia)

Y también, si quiere acceder al TLC con Estados Unidos, Colombia deberá
mejorar mucho su deteriorada imagen en la defensa de los derechos
humanos. El Comité de Derechos Humanos de la ONU denunció la última
semana en Ginebra la impunidad de la que gozan paramilitares que
cometieron graves violaciones de los derechos humanos en Colombia. “En
la práctica existe impunidad para un gran número de graves violaciones
de derechos humanos. Entre los más de 30.000 paramilitares
desmovilizados, la gran mayoría no se ha acogido a la Ley Nº. 975 de
2005 y falta claridad acerca de su situación jurídica”

Para este tema de mejorar la imagen humanitaria, Santos utilizará a su
vicepresidente, Angelino Garzón, un ex dirigente sindical de la Unión
Patriótica y ex gobernador del Cauca, quien acaba de elogiar a Chávez
por haber pedido a las FARC y al ELN que cambien su estrategia armada.

La especialidad de Rendón Group es la de reclutar y subcontratar agentes
(periodistas, presentadores de televisión, artistas populares,
académicos) dispuestos a justificar ideológicamente el Plan Colombia o
Plan Patriota y, finalmente, la estrategia de “seguridad democrática”
del presidente Uribe. Y a eso se dedicó, desde que en 2002 impulsara la
creación de la Fundación Seguridad y Democracia (FSD), integrada por un
“selecto grupo de personas”.

Aquí no terminó la historia

Pero estas versiones emitidas por el canciller colombiano, para ser
creíbles, requieren de confirmación empírica, ya que no se pueden
sostener con un simple montaje. Por eso hay que esperar acciones
encubiertas complementarias, nuevas provocaciones que avalen el supuesto
salto al vacío.

La confirmación del desarrollo de una operación montada según el esquema
de The Rendón Group (extrapolaciones, generalizaciones, proyecciones),
reproduce actuaciones anteriores que marcan la complicidad de los medios
masivos de comunicación: el mismo día de la primera denuncia la revista
Semana publicó un artículo con el mismo el guión argumental sobre la
presencia de las FARC en territorio venezolano. Y en la noche, la
televisora Caracol montó un escenario similar.

Hay diversas técnicas utilizadas en esta operación psicológica, como las
distorsiones informativas, a lo que llaman la gestión de percepción vía
noticia, bombardeando la misma imagen y el mismo mensaje –por ejemplo-
por CNN, Caracol, las agencias trasnacionales de información y los
medios venezolanos de oposición.

El primer objetivo de la operación psicológica es marcar la agenda
informativa y política y producen y distribuyen noticias intoxicadas,
temas generadores priorizados y jerarquizados, repetidos por diversos
medios nacionales e internacionales, hasta que llegan a ser creídos y
hasta defendidos. En dicho proceso se aplican métodos de fragmentación,
extrapolación, generalización, proyección, silencios e imágenes y audios
censurados, con excelente manejo de la presentación gráfica, programas
de opinión con “expertos”. La ejecución está en manos de un conjunto de
operadores: armadores, anclas, legitimadores, validadores,
político-sindicales, financieros.

Galeano dixit

No quisiera terminar sin dejar un excelente escrito de Eduardo Galeano,
porque Colombia nos duele a todos:

“En el caso de las bases militares en Colombia no sólo ofende la
dignidad colectiva de América Latina sino también la inteligencia de
cualquiera, que se diga que su función va ser combatir las drogas”.

“Casi toda la heroína que se consume en el mundo proviene de Afganistán,
casi toda, datos oficiales de Naciones Unidas que cualquiera puede ver
en Internet. Y Afganistán es un país ocupado por Estados Unidos y como
se sabe los países ocupantes tiene la responsabilidad de lo que ocurre
en los países ocupados, por lo tanto, tienen algo que ver con este
narcotráfico a escala universal y son dignos herederos de la reina
Victoria que era narcotraficante”.

“La celebérrima reina Victoria de Inglaterra impuso el opio en China a
lo largo de dos guerras de treinta años, matando una cantidad inmensa de
chinos, porque el imperio chino se negaba a aceptar esa sustancia dentro
de sus fronteras que estaba prohibida. Y el opio es el papá de la
heroína y de la morfina, justamente”.

“Los Estados Unidos que tanto usan la droga como coartada para
justificar sus invasiones militares, porque de eso se trata, son dignos
herederos de esa fea tradición. A mí me parece que es hora que nos
despertemos un poquito, que no se puede ser tan hipócrita. Si van a ser
hipócritas que lo sean con más cuidado”.

“Este país andino que enfrenta un gobierno autoritario entregado a los
intereses de los Estados Unidos, con una alarmante situación de
violación de derechos humanos y con un conflicto interno que lo sigue
desangrando”.

“Si hay un tribunal mundial que alguna vez va a juzgar a Colombia por lo
que de Colombia se dice: país violento, narcotraficante, condenado a
violencia perpetua, yo voy a dar testimonio de que no, de que ese es un
país cariñoso, alegre y que merece mejor destino”.

*Aram Aharonian es periodista uruguayo-venezolano, fundador de Telesur,
director del Observatorio en Comunicación y Democracia (ULAC)

Esta entrada fue publicada el Martes, agosto 10th, 2010 a las 1:17 am en la categoria Internacionales.. Puede seguir cualquiera de los comentarios en RSS 2.0 feed. Puede dejar su respuesta, o Link de su propio sitio.

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Un Comentario a “Colombia, Mexico y Venezuela.”

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