El poder se hace, por eso es fácil comprender que cuando se tiene es difícil sostenerlo porque se deja de hacer lo debido, se marea con tenerlo, se pierde el camino, se olvida lo dicho y lo peor: no se mide el daño que ocasiona.

Veredas enfrentadas
 Por Claudia Luna
  
En cualquier lugar donde las haya en el mundo vemos que hay que bajar una para continuar si se quiere conocer o dirigirse a otro lado es algo inevitable, cruzamos una calle, luego subimos a la otra, podemos decir que la calle es el hilo conductor de la unión porque se perpetúa, curiosidad les despertará a algunos porque está no termina solo cambia su nombre, y quizás les sorprenderá que las veredas, calles continúan y muchos no.
 
La separación de las veredas hacen que nos protejan, miden generalmente cien metros, la una no es sin la otra, o sea se complementan para que puedan conformar un barrio, la suma de estos una ciudad y así hasta llegar a lo más grande. Están para ser transitadas libremente por todos más allá de las divergencias, opiniones, pensamientos y posturas entre otras cosas.
 
No está mal que así sea pero cuidado, porque hemos dicho que deben ser complementos y no enfrentamientos, sino estaríamos perdiendo el sentido del bienestar colectivo para poner el del individualismo y ahí entraríamos en un autoritarismo, que bien es sabido no ha dado resultado.
 
Podemos no estar de acuerdo, pero no se debe negar que existe ambición desmedida de poder en varios, esto es conocido, desde que existe el ser, sin embargo, en su evolución una de las cosas que aprendió es no perder el respeto por los que piensan diferente, aún en la discordancia pero sí con inteligencia no les resultará difícil encontrar otra opción para analizar que pueda sumar y aportar a lo que piensan.
 
Los poderes se construyen, día a día, está en la naturaleza del ser tenerlo, lo que no hace que el que lo consiga lo retenga si actúa con absolutismo, despotismo, soberbia, apela a lo vil, llama a la confrontación, desafía con demagogia, emplea lo falaz y todo lo que perjudique a una sociedad, varios emperadores o quiénes creyeron serlos, se han caído a lo largo de la historia están en los libros y films que se han hecho basta solo acceder a los que quieran para recordarlos en cada rincón del mundo.
 
Creerse supremos es lo que los lleva a perder la realidad de que son hombres terrenales y al negarlo sucumben en el mundillo que habitan unos pocos sujetos y al resto llamados los otros no son tenidos en cuenta, están en una escala inferior y muy distante de ellos.
 
Los otros son más fuertes, se fueron y dieron cuenta del sujeto o los sujetos más de lo que parece, se van fortaleciendo mientras que los con su ofuscación y falta de humildad se van debilitando por las acciones inequívocas que fueron tomando a través del tiempo, el ego les creció de tal forma que se han cegado perdieron el oído a todo lo que no piensen como ellos.
 
La famosa soberbia del necio. Los fuertes se van agrupando, van tejiendo como las arañas, construyendo socialmente en la realidad, porque entienden que luego del esfuerzo, y abriendo sus sentidos se logra conseguir mayoría.
 
Esta es la que será al momento de decidir la que se hará presente, aparece sin aviso pero es la que define y pone fin a la estupidez de los altaneros, son como las hormigas trabajan continuamente, desde abajo, serenamente, sin descanso no pierden su objetivo, todos juntos intentan desde cada lugar construir para el bienestar colectivo, no son de poner veredas para separarse sino las utilizan para agruparse.
 
Son los que entienden que sin justicia no puede haber paz social, falseando la verdad no se llega, sin valores no hay respeto por nada, sin planificación se va camino al vacío, sin proyección no se tiene rumbo, sin orden no hay normas, y así cada cosa que necesita una sociedad para evolucionar.
 
Hemos dicho que el poder se hace, por eso es fácil comprender que cuando se tiene es difícil sostenerlo porque se deja de hacer lo debido, se marea con tenerlo, se pierde el camino, se olvida lo dicho y lo peor: no se mide el daño que ocasiona, por no tener la capacidad de darse cuenta que se debe accionar para el bien colectivo más allá de los individualismos en todos los sentidos en beneficio de una sociedad.

Esta entrada fue publicada el Viernes, septiembre 3rd, 2010 a las 10:32 am en la categoria Opinión. Puede seguir cualquiera de los comentarios en RSS 2.0 feed. Puede dejar su respuesta, o Link de su propio sitio.

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